El mundo en que vivimos no es real, es una ilusión, y la ilusión es que existo yo y separado de mí, lo de afuera. La realidad es que lo de afuera es parte de mí, no existe separación. Si algo me enoja de ti, es realmente algo que me enoja de mi, si te perdono, realmente perdono algo en mí, si te ataco, ataco algo que hay en mí, aun cuando veo las noticias por la televisión, aquello que veo es el reflejo de sentimientos que hay en mí.
Se nos enseña que el mundo que percibimos es ajeno a nosotros, cuando en realidad, nosotros lo creamos. El mundo que percibimos esta en nuestra mente y las sensaciones y sentimientos que se generan de este, parten de nuestro interior, de nuestras creencias. Todo el tiempo estamos reflejando nuestras creencias en el mundo.
Solemos enfocarnos en la no aceptación de nuestra realidad y pensamos que ésta depende de lo que está afuera. Entonces pretendemos cambiar a nuestros semejantes e incluso deseamos cambiar el mundo, y al final lo que logramos es todo lo contrario porque lo que creamos es la necesidad de cambiar algo, y lo que finalmente se expande es el deseo mas no el resultado.
Hay que recordar que no hay manera de cambiar aquello que no existe, el mundo está en la mente de cada uno de nosotros, el mundo no es real y este es un hecho que está corroborado por la física cuántica. Nada existe allá afuera. El mundo que percibimos es tan solo una proyección de nuestras creencias, el mundo no se puede cambiar, el cambio que buscamos no está afuera, sino donde siempre ha estado, dentro de nosotros mismos.

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